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V. Una "nueva clase de guerra" y de resultados inciertos

Luego de uno o dos días de pasmo y desconcierto, las autoridades de los EUA diseñaron la estrategia de organizar una coalición mundial contra el terrorismo, que tendría como blanco inmediato al yemenita Osama Bin Laden y al régimen de los talibán, en Afganistán. En un estrujante discurso ante el Congreso, Bush mostró los dientes de la venganza y la intolerancia. Más cursi que atemorizante, juró "liberar al mundo de los malvados", en una reunión con el Consejo de Seguridad Nacional. En el mismo estilo de las pandillas del Bronx, el vicepresidente Dick Cheney auguró que la guerra contra el terrorismo será "larga y sucia."

Pero tras las amenazas y la estridencia de las declaraciones, se revela que esta guerra podría ser una de las más difíciles y costosas para el imperio.

"Bush en un dilema político"

Así tituló la revista Newsweek su editorial del 17 de septiembre, dedicado evidentemente a alertar a su gobierno sobre las dificultades de emprender una guerra contra Afganistán. Las primeras líneas son lapidarias: "Las grandes potencias van a Afganistán a morir, como lo demuestran los casos de británicos y soviéticos. ‘Se puede entrar fácilmente, pero no salir’, declaró el general Hamid Gul,, ex jefe de la inteligencia paquistaní."

La revista parte de que ahora los norteamericanos cuentan con un armamento mejor y más moderno que el de ingleses y rusos, pero, a diferencia de aquellos, carecen de "un objetivo claro, e incluso, de un enemigo claro."

Baraja las cuatro posibilidades militares que tendría EUA, que a su juicio serían unas malas y otras peores:

a. "un ataque con misiles (que recordaría las ineficaces reacciones de la era de Clinton);
b. "un ataque desde aeronaves (cuyo impacto sobre Afganistán y Bin Laden sería mínimo);
c. "una invasión terrestre (que sería una operación militar de pesadilla);
d. "y una operación encubierta, con comandos de élite (prácticamente una acción suicida).
 

Informa que el secretario de Estado, Colin Powell y el equipo de Bush coinciden en estas perspectivas militares.

" Bush enfrenta un dilema político con implicaciones globales. Desatar el ataque que muchos estadounidenses anhelan y fracasar en el objetivo de llegar a muchos de los culpables, podría evidenciar otra vez la impotencia de EU frente al terrorismo. Matar a muchos musulmanes inocentes inflamaría al mundo árabe, quizá incluso a algunos regímenes amistosos, y podría crear el tipo de ‘choque de civilizaciones’ que Bin Laden y otros fanáticos pretenden."

Entonces, ¿cuál debería ser, según esta revista ligada al poder yanqui, la verdadera estrategia de la Casa Blanca?

"Detrás de su retórica de guerra, Bush entiende esto y por ello se resiste a las exigencias de una represalia rápida y se concentra en lo que podría ser la opción más efectiva en el largo plazo: trabajar durante meses y años para construir un consenso entre las naciones del mundo, a fin de erradicar las redes del terrorismo donde hayan surgido, país por país, aplicando fundamentalmente presiones diplomáticas constantes contra los estados que los albergan."

Quizá Newswweek no contempla que el imperio podría echar mano -como lo hizo antes en Nicaragua, en Angola y hoy lo hace en Colombia- de grupos armados "contras", que ya existen en Afganistán y que están felices de ser apoyados por EUA en su guerra contra el talibán. Estos grupos se agrupan en la "Alianza del Norte"; ellos pondrían los muertos en combates y, en la segura situación de que asesinen a civiles, el impacto de sus crímenes sería menor a que lo hicieran los marines. La Alianza del Norte ya recibe hoy el apoyo entusiasta de EUA, Gran Bretaña e incluso de Rusia y de Irán, todos ellos enemigos, por distintas razones, del régimen de los talibán.

La pregunta es si la Alianza del Norte, con estos amigos, estará en condiciones de desarrollar una gran fuerza militar y sobre todo social. Ante los ojos de la mayoría del pueblo afgano ­que aborrece a rusos y a yanquis- podría rápidamente desprestigiarse y aislarse.

Soldados en trajes de banqueros

Tampoco el secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, se engaña sobre las dificultades y complicaciones de su país en esta guerra. En un artículo que escribió para The New York Times, calibra que "esta guerra no será necesariamente una en la que designemos muchos objetivos militares y fuerzas masivas para alcanzar esos objetivos. En cambio, es probable que la fuerza militar sea una entre muchas herramientas que utilicemos para detener a individuos, grupos y países involucrados en actividades terroristas.

"Nuestra respuesta podría incluir el lanzamiento de misiles crucero contra objetivos militares en alguna parte del mundo; la misma probabilidad existe de emprender una batalla electrónica para rastrear y detener inversiones manejadas a través de centros bancarios ‘offshore’. Los uniformes de este conflicto serán los trajes de los banqueros y el gesto de los programadores, tanto como las ropas camufladas para el desierto. (...)

"Incluso el vocabulario de esta guerra será diferente. Cuando se hable de ‘invasión del territorio enemigo’, bien podría tratarse de una invasión a su ciberespacio. (...) No existen reglas inamovibles sobre cómo desplegar nuestras tropas; estableceremos en cambio lineamientos para determinar si la fuerza militar es la mejor forma de lograr un objetivo dado. (...) También librarán ‘batallas’ los agentes de aduanas que detengan a sospechosos en nuestras fronteras..." (28.9.01).

La alianza antiterrorista será una "coalición flotante"

Luego de las filtraciones recogidas por Newsweek y del artículo del encargado yanqui de la guerra, pareciera que el equipo Bush no prepara una gran contraofensiva militar, aunque no descarta el uso de los métodos armados. Es que Rumsfeld se percata de que los EUA no podrán organizar una fuerte coalición "antiterrorista": "En cambio, involucrará coaliciones flotantes de países, que podrían cambiar y evolucionar. Las naciones tendrán papeles distintos y contribuirán también de maneras distintas." En Washington saben que organizar esta coalición es complicado, si se va a una guerra sangrienta y prolongada. Por ejemplo, un tradicional amigo de EUA en la región, Arabia saudita, cuya monarquía incluso permitió hace unos años el establecimiento de bases militares yanquis en su territorio, se rehúsa a facilitar su centro de operaciones aéreas "Príncipe Sultán", que en una posible guerra sería muy importante para controlar la aviación. Otro ejemplo son el resto de países que integran la Liga Árabe, que plantean que "no podrán en ninguna coalición antiterrorista si ésta incluye a Israel. El presidente egipcio Hoisni Mubarak manifestó idéntica postura y añadió que "el mundo árabe y musulmán ya no está dispuesto a soportar la línea pro israelí de Estados Unidos." (Jana Baris, en El Universal, 23.9.01)

Como decimos en el artículo "...........................", en la página ...., la Intifada palestina y la reacción nazi de los sionistas ante ella es un fuerte obstáculo para la conformación de tal coalición. Si Washington no ha conseguido el cese del fuego, es decir, el fin de la Intifada (lo que sólo conseguiría si EUA-Israel hace concesiones profundas a su contraparte), las posibles futuras acciones bélicas van a revitalizar el enfrentamiento en el Medio Oriente y la alianza de EU se resentirá o podría fracasar.

La posibilidad de que un largo ataque armado occidental genere insurrecciones en el mundo islámico

Los gobiernos de los países que tienen poblaciones islámicas mayoritarias o significativas, saben que el apoyo a EUA en la guerra contra Afganistán podría costarles muy caro, su misma existencia. El solo anuncio del gobierno de Pakistán de que ayudaría a los yanquis, ya le generó un levantamiento insurreccional o semi insurreccional. Según Manuel Camacho Solís, que ya lidió desde el gobierno de Salinas de Gortari en 1994 contra la insurrección zapatista, "en los países al norte de Afganistán y colindantes con Rusia, esa situación también generaría un clima insurreccional. En Arabia Saudita, por el origen de Bin Laden y por las simpatías que ahí tiene, su estabilidad política estaría en riesgo. Y en el Medio Oriente, la ya de por sí grave situación que se ha vivido en los últimos meses sería incontenible". Claro está que, ante esta situación de debilidad de los EUA, Camacho, en su permanente papel de consejero de los poderosos, les recomienda mirar la historia de los decadentes imperios romano e inglés y organizar un orden internacional sostenido en la "moderación y el reconocimiento de las diferencias." ("Poder e insurrección", en El Universal, 1.10.01, pág. 30)