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En lugar de atizar la represión contra los palestinos,

I. EUA insiste en que Israel negocie y haga concesiones

Existe la idea de que los atentados del 11 de septiembre llevarán a un endurecimiento en la política exterior del imperio norteamericano. Sería una dura arremetida imperialista en todos los planos y países o, en palabras del lingüista Noam Chomsky, gurú de un sector de la izquierda internacional, "lo ocurrido es un regalo a los hombres duros" en Washington (La Jornada, 15.9.01, pág. 7).

Se trata, empero, de un razonamiento mecánico y equivocado: el imperio no cambiará -entre otras- su política de "negociación" con los palestinos y ya Washington vislumbra la necesidad de reconocer a un Estado palestino.

La Intifada impide la coalición antiterrorista de Bush

En los días previos al 11 de septiembre, Israel escalaba todavía más la represión y guerra contra los palestinos. Además de los asesinatos selectivos de dirigentes palestinos (y de otras medidas, como puede leerse en el artículo en la página ....), el ejército hebreo atacaba sistemáticamente con helicópteros, jets y tanques ciudades autónomas palestinas, concentraciones civiles y edificios de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). En la ciudad autónoma de Ramallah, Cisjordania, apenas había destruido el cuartel de la policía. La agudización de la represión había obligado aun a sectores árabes tan pro yanquis como la monarquía saudita, a que el heredero de ese reino viajara por la región para unir a sus vecinos en contra Israel en la siguiente Asamblea General de la ONU.

Pero aun en medio de la conmoción causada por los atentados terroristas, la Casa Blanca presionó a los sionistas para que detuvieran las agresiones, buscaran una tregua y negociaran con la ANP. El 14 de septiembre tanto Bush como su secretario de Estado, Colin Powell, llamaron por teléfono al primer ministro israelí Ariel Sharon para que se reiniciara las negociaciones con el líder palestino Yasser Arafat. Es que en ese momento en la Casa Blanca ya se había delineado la estrategia político-militar que hoy vemos en marcha: EUA organizaría una coalición mundial antiterrorista (en la que le es imprescindible que participen países árabes o con población musulmana) y el conflicto entre Israel-palestinos la contradice y podría hacerla naufragar. James Baker, ex secretario de Estado y estrecho colaborador de Bush explicó que "la interrupción del proceso de paz entre Israel y los palestinos complica la posibilidad de involucrar a los Estados árabes moderados en una coalición contra el terror encabezada por Estados Unidos, porque [la Intifada] polariza a la región." (Global Viewpoint, 14.9.01)

A EUA su sirvienta sionista le salió respondona

Hasta el 26 de septiembre pudo llevarse a cabo una primera reunión entre el encargado de la diplomacia israelí, Shimon Peres, y Arafat, en la que, además, no pudieron acordar un cese al fuego. Esta entrevista fue quince largos días después de los atentados y luego de un sinnúmero de llamadas telefónicas y de presiones yanquis sobre los israelitas, cuando los portaaviones ya llevan días de travesía hacia el Golfo Pérsico y las tropas gringas ya realizan ejercicios en Omán. Es evidente que el gobierno judío se ha negado a atender el urgente pedido de su tutor-socio norteamericano, aun en la situación de penosa emergencia por la que está pasando.

El 14 de septiembre el Premier Sharon justificó su negativa diciendo que "afectaría los intereses de Israel." El 23 de septiembre, cuando se había anunciado una nueva entrevista Arafat-Peres, Sharon la vetó de última hora, lo que causó una aguda crisis en su gobierno, formado por una coalición entre su partido de ultraderecha y los laboristas. La división pública fue tan fuerte que Peres, laborista, llegó a declarar que el problema para la reunión no era Arafat "sino el comportamiento del primer ministro." (El Universal, 24.9.01)

Sharon tiene sus razones para negarse a una negociación en serio con los palestinos. Dice que Israel "no debe estar dispuesto a pagar el precio de una coalición dirigida por Estados Unidos", en alusión a concesiones a los palestinos. El cumplimiento de los acuerdos firmados en Oslo, Noruega, en 1993, entre Israel y la ANP (que sufrió modificaciones todavía más lesivas a los palestinos posteriormente), no satisface de ninguna manera las legítimas aspiraciones del pueblo palestino, pues sólo les permitiría crear un mini seudo Estado, carente de algunas atribuciones fundamentales, como el contar con sus propias fuerzas armadas y una política exterior independiente. Tampoco solucionaría el problema de los cuatro millones de refugiados palestinos, que no podrían regresar a su patria y seguirían como parias en otros países. Entonces, ¿por qué se opone la derecha sionista representada por Sharon a entablar con seriedad negociaciones de paz? Este sector calcula que, luego de conceder a los palestinos el semi Estado que hemos mencionado, la dinámica de la situación política, en la que Israel viene retrocediendo desde hace años, los obligue a nuevas y mayores concesiones que podrían ser letales para el sionismo.

 

 

(Recuadro)

La quiebra del nacionalismo burgués árabe

Arafat y Kadafi aceptan unirse a EUA contra el "terrorismo"

En la "coalición antiterrorista" que organiza EUA no estarían sólo los sectores árabes moderados. Apenas convocada, se apuntaron entusiastas para formar parte de ella el presidente palestino Yasser Arafat y Muammar Kadafi, de Libia, representativos del nacionalismo burgués árabe y hasta acusados en el pasado de recurrir al terrorismo.

Arafat, en una nueva y superlativa demostración de obsecuencia ante el imperio, "instó a los países árabes a unirse en una coalición antiterrorista durante una conversación telefónica con el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa." La doctora palestina Hanan Ashrawi, conocida figura pública recién elegida portavoz de la Liga Árabe, confirmó las declaraciones de su dirigente: "El presidente Arafat me ha pedido comunicar esto en su nombre y explicar que en nombre del pueblo palestino, ha iniciado consultas para que se adopte una posición árabe e islámica unida respecto a la incorporación a esta alianza internacional", le dijo a Jana Baris, corresponsal de El Universal en Jerusalén, el 13 de septiembre.

En lo que pareció una competencia por ver quién se entregaba más al imperio, el líder libio Muammar Kadafi, en una conversación telefónica mantenida con el presidente egipcio Hosni Mubarak, acordó alcanzar una fórmula "que garantice una cohesión internacional en la lucha contra el terrorismo." La agencia de prensa egipcia Mena informó también que convinieron en que el terrorismo es "un crimen organizado que busca intimidar a los pueblos y desestabilizar a las sociedades." ¡Sorprendentes declaraciones de Kadafi 1, que hace poco tiempo se vio obligado a entregar a autoridades europeas a uno de los responsables del atentado a un avión británico que cayó hace años en la localidad de Lockerbie, con cientos de víctimas civiles! (El Universal, 15.9.01)

Durante largos años, como decíamos, estos dos dirigentes árabes estuvieron entre los principales símbolos de la lucha antiimperialista en el Medio Oriente y África. Hoy, ante la tremenda prueba que han significado para todos los gobiernos y corrientes políticas los ataques en EUA del 11 de septiembre, han dado una vuelta más a su tuerca pro imperialista.

Tanto el líder palestino como el libio están cerrando su ciclo como representantes de corrientes nacionalistas burguesas árabes, que empezaron presentando una oposición al imperialismo - en ocasiones a través de métodos radicales y violentos- y ahora pretenden ser sus agentes (si no es que Arafat ya lo es). Este desarrollo ya lo había sufrido antes el nacionalismo egipcio, que con el presidente Gamel Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, en 1956, y que años después, en la persona de su discípulo y sucesor, Anuar Sadat, se convirtió en uno de los mejores aliados de los EUA en la región.

Al sumarse a la cruzada norteamericana en contra de los fundamentalistas islámicos, Arafat está haciendo una apuesta fuerte. Pretende que sus servicios le sean pagados con un Estado palestino en los términos acordados con los israelitas en Oslo, en 1993. Esta conquista, que sería muy, muy relativa, supone que le daría un respiro como dirigente del movimiento palestino, papel que le es sumamente cuestionado por amplios sectores de su pueblo.

Para atacar en Afganistán los EUA necesitan que en Israel haya un cese al fuego o que se esté muy cerca de éste. Pero está por verse, en el caso de un ataque yanqui en ese país, que el pueblo palestino se mantenga quieto. Más bien son de esperarse movilizaciones palestinas o un resurgimiento de la Intifada. Estaría también por verse si Arafat, en esa eventualidad, es capaz de imponerle al pueblo una situación de pasividad.

En Palestina se presencia también una ruda lucha por la dirección de la lucha del pueblo palestino. Arafat viene siendo cada vez más cuestionado por sectores de su pueblo y crecen organizaciones integristas islamitas, como Hamas, que es una fuerte competencia para el presidente de la ANP.

En una entrevista concedida al canal de televisión francés LCI, Abdul Aziz Rantisi, uno de los principales dirigentes de Hamas en Gaza, informó que se oponen al cese del fuego " y que su único blanco es Israel."

El enfrentamiento palestino-sionista seguirá siendo uno de los principales acontecimientos que acompañará la incursión afgana de los EUA.